Aparece de cualquier manera, en cualquier sitio, en el momento que es necesitada. Puede tomar varias formas: una tienda de antiguedades, una tienda de ropa usada, una librería con historias que ya nadie quiere leer. El lugar, la decoración, varían al igual que el aroma, acoplándose con los sentimientos de la persona.
La gente se deshace de algún bien preciado, (por eso la habitación está atiborrada de antiguedades), porque el dolor que emanan los recuerdos de dicho objeto ya no es tolerable. Es imposible abandonar el lugar sin haber perdido algo.
La descubrí hace un par de días, cuando apareció ante mí como por arte de m a g i a. Entré. Aquel sitio desprendía un olor a flores marchitas, lluvias y calor solar. Nunca antes había sentido una combinación como esa. Me daba curiosidad.
Observé cada detalle: el techo, una cúspide pintada al igual que el cielo nocturno, con puntos plateados imitando las estrellas. Sus pasillos se separaban por estanterías tan altas que parecían perderse en la oscuridad. Una vela ardía sobre un escritorio viejo y polvoriento de madera, junto a una máquina de escribir. Sentía como si me estuviese esperando hacía siglos. Pero mis ojos estaban por todos lados, impresionada por la cantidad de cosas que dejaron atrás. La cantidad de personas que dejaron atrás. Decidieron, no sólo abandonar a la persona que quisieron, sino una parte de ellos mismo que realmente sintió amor. Amor del sincero, el que no sofoca, aviva.
lunes, 8 de diciembre de 2014
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