jueves, 11 de diciembre de 2014

l e t t i n g g o

Es una osadía la manera en que algunas personas entran a nuestras vidas, con descaro y como si siempre hubiesen estado allí, esperando en la fila para entrar. Te llenan de aventuras, de emociones, te inspiran e incluso te transmiten una energía peculiar, para luego vaciarte. Se van caminando, te dejan queriendo más, y uno se pregunta por qué. Pero lo que importa es lo que nos dejaron mientras compartieron tiempo con nosotros, ¿fue amor? ¿Odio? ¿Tristeza? ¿Felicidad? ¿Lloramos? ¿Reímos? Y cuando superamos a quien se marchó, avanzamos en nuestra vida para conocer a alguien nuevo, y así sucesivamente. A menudo nos olvidamos que cada persona es un mundo.

martes, 9 de diciembre de 2014

l a m e c e d o r a d e m i m b r e


Cuando alguien muere, el cuerpo físico y el alma se separan. El primero permanece bajo tierra o en las partículas del aire. El segundo, algo mucho más complejo, pasa a una dimensión paralela tan lejana que no todos llegan a ella; el llamado paraíso. Un lugar en dónde las almas buenas van a descansar por la eternidad, o hasta que sean enviadas a su siguiente vida. Hay muchas versiones acerca del paraíso, pero todas se resumen a una: paz.Algunas almas malvadas o incluso lo suficientemente traviesas son arrojadas al infierno, a la miseria eterna. Castigados por sus pecados, o sus aborrecedores actos contra la humanidad. También hay muchas versiones sobre el infierno, y todas se resumen a una: tortura.
Cuando alguien muere, el alma, al separarse del cuerpo puede permanecer atada a la Tierra, a su viejo hogar y todos sus recuerdos. O bien, la venganza y el sufrimiento puede atarle.
Cuando alguien muere, el cuerpo físico lleno de energía se apaga para siempre y lo que nos mantenía viviendo, esa energía latente, se transforma. Pasamos a ser parte de cada objeto y persona que construye la vida de la Tierra. Formando parte de los árboles, del viento, del pasto hasta incluso de un movimiento sutil de cabello.
Cuando alguien muere, también puede dejar de existir, para siempre.
Cuando alguien muere, el alma, al separarse del cuerpo puede permanecer atada a la Tierra, a su viejo hogar y todos sus recuerdos. O bien, la venganza y el sufrimiento puede atarle.Cuando alguien muere, el cuerpo físico lleno de energía se apaga para siempre y lo que nos mantenía viviendo, esa energía latente, se transforma. Pasamos a ser parte de cada objeto y persona que construye la vida de la Tierra. Formando parte de los árboles, del viento, del pasto hasta incluso de un movimiento sutil de cabello.Cuando alguien muere, también puede dejar de existir, para siempre.

lunes, 8 de diciembre de 2014

s a m e question s a m e answer

Algo ocurrió, puedo sentirlo en el cambio de energía que se produjo en el ambiente. Mi cuerpo siente como las cosas y las personas se mueven alrededor mío, pero no puedo descifrar qué está sucediendo. Sé que estoy de rodillas, como si estuviese intenando calmar a alguien que ni siquiera conozco. Levanto la vista y allí estás. Me levanto y estamos frente a frente a pocos centímetros de distancia, aunque pareciera que fuese aún más lejos. Abris la boca para pronunciar unas palabras que juntas forman una pregunta. Una pregunta que últimamente me venís haciendo y que te respondo siempre de la misma manera.
Me despierto, aferrada a la almohada con la mitad de la cara hundida en ella. Trato de recordar el sueño, pero nuestras voces se escuchan como si estuviésemos bajo agua. Tengo un Deja Vu, al parecer estuviste apareciendo en mis sueños anteriormente, pero ésta es la única vez que lo recuerdo. Me pregunto, ¿por qué?

la s a l a q u e v i e n e y v a

Aparece de cualquier manera, en cualquier sitio, en el momento que es necesitada. Puede tomar varias formas: una tienda de antiguedades, una tienda de ropa usada, una librería con historias que ya nadie quiere leer. El lugar, la decoración, varían al igual que el aroma, acoplándose con los sentimientos de la persona.
La gente se deshace de algún bien preciado, (por eso la habitación está atiborrada de antiguedades), porque el dolor que emanan los recuerdos de dicho objeto ya no es tolerable. Es imposible abandonar el lugar sin haber perdido algo.
La descubrí hace un par de días, cuando apareció ante mí como por arte de m a g i a. Entré. Aquel sitio desprendía un olor a flores marchitas, lluvias y calor solar. Nunca antes había sentido una combinación como esa. Me daba curiosidad.
Observé cada detalle: el techo, una cúspide pintada al igual que el cielo nocturno, con puntos plateados imitando las estrellas. Sus pasillos se separaban por estanterías tan altas que parecían perderse en la oscuridad. Una vela ardía sobre un escritorio viejo y polvoriento de madera, junto a una máquina de escribir. Sentía como si me estuviese esperando hacía siglos. Pero mis ojos estaban por todos lados, impresionada por la cantidad de cosas que dejaron atrás. La cantidad de personas que dejaron atrás. Decidieron, no sólo abandonar a la persona que quisieron, sino una parte de ellos mismo que realmente sintió amor. Amor del sincero, el que no sofoca, aviva.

h a u n t e d


Ríos y ríos de pétalos azules
corren a través de cálidos valles
desembocando en la cueva
donde la ráfaga sopla.

El calor del día 
permanece latente en la noche
arrullando con su suave brisa
callejones desiertos.

El sonido de una puerta 
abriéndose,
la tormenta golpeando
contra las ventananas.

Y la cama hecha
de suaves y tibias ramas,
dos rosas en la cabecera
azotándose entre sí.

Paloma

domingo, 7 de diciembre de 2014

t o m y l o v e r



A mi futuro amante:
 aunque sea fuerte, protégeme; 
cubre con tus brazos mi cuerpo y protégeme, 
de ti, de tus ojos que me enloquecen. 
Cuídame, ya que me enfermarás de amor. 
Susúrrame antes de dormirme, 
tu voz será mi guía en la oscuridad. 
Comparte tu calor conmigo porque cuando no estés, me congelaré. 
Hazme el amor
 al igual que una interminable canción romántica.
 Y, por sobre todas las cosas, ámame; 
a tu propia manera, pero ámame.

—Paloma